Vivimos
en un momento histórico importantísimo donde la política está más
presente que nunca en la sociedad española y europea, lo cual es
algo muy positivo. El problema que provoca tantos incontrolables y
poco educativos debates televisivos o en las redes sociales es que no
todo el que habla se preocupa por informarse, e incluso algunos de
los que se informan son capaces de tergiversar la verdad y de
manipular datos premeditadamente para conseguir ciertos propósitos.
Habitualmente
se intenta desvirtuar la democracia diciendo que fue precisamente una
democracia la que permitió el ascenso de un dictador extremadamente
violento como Adolf Hitler al poder. Este es un argumento falaz ya
que la constitución de aquel entonces poseía vacíos legales que
permitían la instauración de poderes dictatoriales en ciertos casos
de extrema necesidad. Algo
que no es posible según las directrices de las democracias modernas.
Dentro
de toda esta desinformación hay un argumento que se utiliza muy
habitualmente para atacar a algunas opciones políticas de izquierdas
en particular y al sistema democrático en general. Se trata del mito
de que Adolf Hitler ganó democráticamente unas elecciones y
después, respaldó su tiranía en ese triunfo electoral. Esto es un
dato rotundamente falso, pues Hitler nunca obtuvo mayoría absoluta
en unas elecciones democráticas.
Entonces,
¿cómo fue realmente la llegada de Hitler al poder? Lo desarrollo en
las siguientes líneas.